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Vive y Deja Vivir

El mando de la tele

El mando de la tele

Pues sí, después de unos días pensando qué escribir en mi aún recién estrenado blog, pues me encuentro con que, inmersa en la más absoluta y estúpida felicidad, no tengo tristezas que compartir.

Es extraño. Cuando más contenta está una, más pereza da sentarse en el ordenador, leer lo que otros han escrito (que, poco a poco, va desapareciendo el síndrome navideño, y la gente se va animando a actualizar sus bitácoras), o pelearse en los foros. Ni siquiera me apetece comentar las noticias más divertidas que me encuentro en el periódico (que sigo leyendo porque es parte de mi trabajo, no por gusto) o las más horrorosas.

Por supuesto sonreí alucinada con los supuestos entretenimientos de un conductor de la EMT, que digo yo que debe ser bastante estresante conducir durante ocho horas. Se me ocurre únicamente como disculpa que, quizá, no tiene tiempo, al final de la cabecera, de fumarse un pitillo en tres caladas, digo, para librarse de la ansiedad. 

Y me indigné, ¡cómo no hacerlo! con el régimen económico y ayudas de los señores diputados, sí, los mismos que han establecido que lo mínimo que una persona que trabaje 8 horas diarias debe cobrar son 560 euros (no, no cada semana, ¡al mes!). Y me pregunto, ¿dará para comprarse un pisito de 30 mts? ¿siquiera para alquilarlo? Al final, sí habrá que instaurar la poligamia (o poliandría, como me corrigieron una vez) porque debería una tener 7 u 8 maridos para vivir en condiciones dignas, tal como dice en su artículo 47 la Consti, llamada familiarmente así porque, por primera vez en la historia reciente de España, todos y todas somos capaces de recitar de memoria, al menos, uno de sus artículos, y con tanto mentarla, pues ya es, no sé, como mucho más cercana.

Volviendo a la poligamia, ahora mismo ya tengo mi primer posible "marido". Desde que mi churri (no cree el chico que podamos decir que somos novios, y no me gusta llamarlo "mi chico") y yo por fin hablamos, aclaramos malos entendidos y nos volvimos a ver, pues ¡qué os voy a contar!, estoy de cocinitas, frego los platos todos los días, me lavo 4 o 5 veces los dientes por la noche (o sea, después de cada cigarrito) para no perderme un solo besito, duermo calentita y abrazadita todas las noches, mi gato se reparte entre dos amores y he perdido el mando de la tele, que es cierto que Dios, ante la desobediencia de Adán y Eva, les expulsó del paraíso, o sea, a ella le dio la celulitis y a él le extirpo el mando, que era como un sexto dedo.

Es por eso que, cualquier hombre que se precie, lo primero que hará en casa de una es sentarse en el sofá para ser servido, y agarrar firmemente el mando de la tele, y cambiar compulsivamente de canal (bueno, hasta que encuentre fútbol). Por cierto, ayer empató el Chelsea (!)

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3 comentarios

MVsT -

jajaja! anda, saca el mando ya del cubo de la fregona que por lo que veo no da resultado esconderlo.... XD

Sergio -

Esto... Se ve que los chicos de Blogia tienen problemas con su página. Por tres veces he recargado la misma y resulta que se han públicado las tres.

**Te doy permiso para borrar 2. Tú como si estuvieras en tu blog, ¿eh? ;-)

Sergio -

Bueno, lo del autobús... Lo mismo se estaba rascando las webs y el testigo era el que tenía la mente pervertida, quién sabe. Lo de la poligamia, estaría bien restaurarla (jeje) pero no conozco ningún país polígamo cuyas mujeres tengan múltiples maridos....

Eso sí, lo último... Uy uy, qué poco de acuerdo estoy con eso (sé que es una ironía):Si así es como se "precia" un hombre, mmmm... Yo no pondré tele en el dormitorio, con eso te lo digo todo.

Besos.
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